el escritor ayamontino Aníbal Álvarez.
el escritor ayamontino Aníbal Álvarez.

ENTREVISTA A ANÍBAL ÁLVAREZ SOBRE SU NOVELA ´SEMBRANDO FLORES EN EL MAR´

Por José Luis Rúa
17-05-2017 Entrevistas

Hace unos días se presentaba en el salón de la Editorial Onuba de Huelva, la novela del escritor ayamontino Aníbal Álvarez” Sembrando flores en el mar.” La salida a la calle de este nuevo trabajo del creador de otras novelas con las que ha llegado a ganar el premio del Ateneo Ciudad de Valladolid o haber sido finalista del premio Café Gijón de los noventa.

 

Una presentación hecha casi para amigos y una entrega del autor, que solo merecen los amigos. Con los nervios controlados y con el tiempo a buen recaudo, Aníbal nos deja unas palabras que sintetizan el todo de su obra en el pleno de sus sentimientos.

 

 

- ¿Qué has pretendido al escribir la novela?

 

- Meterme en el alma y en el corazón de unas personas por las que siempre he sentido un gran respeto: las mujeres de los marineros. Porque siempre están en la sombra, sin contar apenas, en un discreto segundo plano, cuando ellas son el soporte de la estabilidad emocional de la familia, la columna sobre la que se sostiene su hogar. Cuando sus maridos salen de pesca ellas también se hacen, metafóricamente hablando, al mar.

 

- ¿Huelva está presente en esta novela?

 

- De principio a fin. Está presente a través de la gente del mar, hombres y mujeres que sin buscar protagonismo alguno escriben y hacen grande cada día la historia marinera de Huelva, tan cantada y sin embargo tan por cantar. En la memoria de la protagonista está siempre presente el recuerdo de los dramáticos naufragios que han llenado de muerte y de luto nuestras costas. Ella no olvida naufragios como los que ensombrecieron la alegría de pueblos como Isla Cristina y se acordará siempre de las víctimas del Lanzada, el Islamar III o el Lasalle. Y sobre todo, tiene palabras para los marineros que perdieron la vida en un naufragio del que apenas se acuerda nadie pero que a ella le marcó de forma indeleble.

 

- ¿A qué naufragio te refieres?

 

- Al Trincher, a los marineros que murieron cuando navegaban en él. A la protagonista del libro, y a mí como autor, nos impactó, de ahí que entre sus evocaciones ella recuerde un soneto del poeta ayamontino Francisco Álvarez donde se rinde pleitesía a los doce marineros que perdieron la vida en un naufragio que en su momento estremeció el alma de quienes viven del mar.

 

 

- ¿ Es una novela triste?

 

- Esa puede ser una apreciación de quienes la lean. Pero las apreciaciones son siempre muy subjetivas. Y por definición, todo lo subjetivo es discutible. Como autor que soy de “Sembrando flores en el mar”, una novela es buena o es mala. Sin más. Y yo me he devanado los sesos para escribir una historia que sea buena. No sé si lo he logrado, pero todos los comentarios que me están llegando, entre ellos los del editor Manuel Ortega Pacheco, que está entusiasmado con la obra, es que es una magnífica novela, una obra poética y lírica que tiene un arranque que conecta a la novela con lo mejor de la literatura.

 

- ¿Cómo defines ese arranque de la novela ?

 

- La novela comienza así: “Estoy en el patio de mi casa, que es lo más parecido a la gloria. Me encuentro sola, atrapada una vez más por la belleza luminosa del crepúsculo que incendia las aguas someras de los humedales que recorren la marisma. Atardece lenta y suavemente en Galia y la luz del sol que se oculta tras el horizonte se desparrama sobre las aguas del río Ribera, avanza como metal derretido por entre los juncos del estero y espejea y brilla en los festones de espuma que surgen de las olas que baten la playa con una cadencia musical que lo llena todo de armonía. Respiro, a ver si así me lleno los pulmones de vida. Arde el cielo en un fuego de color naranja que va extinguiéndose poco a poco, engullido por la oscuridad de la noche que avanza. La religión no es una de mis obsesiones, pero en un día como este parece lógico creer que Dios existe”.

 

- Y te sientes cómodo con ese comienzo.

 

- Lo trabajé mucho, consciente de que el principio de una obra puede incitar a leerla y también a no hacerlo. Creo que en ese comienzo queda bastante bien definida la atmósfera que envolverá el argumento de una obra que apela a los sentimientos mientras va desarrollándose.

 

 

Ahora solo nos queda, dejar al autor sentarse en el patio de su casa y volver a dar rienda suelta a la imaginación y las emociones. Colocar a su estilo poemas nuevos o relatos viejos y hacer que una nueva criatura literaria salga a la calle aprovechando que la primavera cambia a cada instante.